El examen

Qué mide de verdad el examen de acceso

Sgto. 1.º (SP) Leonardo Ron · Perito en accidentes de tránsito

Llevo años viendo llegar muchachos que se prepararon para el examen equivocado. Se sientan con cuadernos llenos de leyes, de fechas, de artículos memorizados, y salen del aula con la cara larga. No es que estudiaran poco. Es que estudiaron otra cosa.

Así que empecemos por lo que sí es.

Cuarenta preguntas, sesenta minutos

La prueba se llama Evaluación Nacional de Capacidades y Competencias y la aplica el Ministerio de Defensa. Son cuarenta preguntas, una hora de reloj, y se rinde de forma digital pero presencial: usted va a una sede, se sienta frente a un computador y responde ahí.

Se califica sobre mil puntos.

Tres áreas, y las tres son de razonamiento:

  • Razonamiento verbal — 15 preguntas
  • Razonamiento numérico — 14 preguntas
  • Razonamiento abstracto — 11 preguntas

Léalo otra vez: las tres son de razonamiento. No hay un área de cultura general. No hay un área de legislación. No le van a preguntar en qué año se fundó tal cosa ni qué dice tal artículo.

Por eso el muchacho de los cuadernos sale con la cara larga.

La diferencia entre saber y razonar

Memorizar es guardar una respuesta. Razonar es fabricarla en el momento, con lo que uno tiene a mano y con el reloj corriendo.

Piénselo en minutos: cuarenta preguntas en sesenta minutos son noventa segundos por pregunta, contando el tiempo que usted gasta leyéndola. Ahí no hay espacio para dudar. Si una serie de figuras le toma cuatro minutos, acaba de gastarse el tiempo de tres preguntas más.

Esa es la verdadera dificultad del examen, y no se arregla estudiando más. Se arregla entrenando distinto:

Lo digo por lo que he visto: el abstracto es el que más sube. Un muchacho que empieza perdido en esa sección, con semanas de práctica seria, cambia de forma notable. Pero tiene que practicarlo, no leer sobre él.

El examen no es el único filtro

Y aquí viene lo que mucha gente descubre tarde. El proceso no se gana solo con la prueba de conocimientos. La nota final se arma con cuatro partes: la prueba académica pesa treinta por ciento, la física otro treinta, la entrevista personal otro treinta, y los méritos el diez restante. Sí: la entrevista pesa lo mismo que el examen, y casi nadie la entrena.

Además, hay pisos que no se negocian: dieciséis sobre veinte en la prueba académica y dieciséis sobre veinte en cada uno de los test físicos. Y antes de todo eso, la evaluación psicológica y la médica tienen que declararlo apto.

Eso significa una cosa incómoda y conviene decirla clara: usted puede sacar una nota excelente en lo académico y quedar fuera por la física. No se compensan entre sí. Cada puerta se abre por separado.

He visto a más de uno confiarse porque era bueno estudiando. La prueba física no perdona la falta de preparación, y llegar tres semanas antes a correr no alcanza.

La fecha que casi nadie tiene en el calendario

Esta es la parte que más rabia me da, porque no tiene nada que ver con capacidad.

El registro nacional se hace en junio. Quien no se inscribe en esa ventana no rinde, y quien no rinde espera al año siguiente. No hay repesca, no hay excepción, no hay a quién reclamarle.

Cada año se queda gente fuera por eso. No por la nota. Por no haberse registrado a tiempo, porque nadie en la casa sabía que había que estar pendiente en junio.

Si usted está leyendo esto y tiene entre dieciocho y veintidós años, o es el padre de alguien que los tiene: ponga junio en el calendario ahora. Es gratis y le puede ahorrar un año de su vida.

Por dónde empezar

Si me preguntan por dónde, siempre digo lo mismo: empiece por saber dónde está parado. No por estudiar.

Haga una prueba de razonamiento con reloj, en condiciones parecidas a las reales, y mire el resultado sin adornarlo. De ahí sale el plan. Alguien que anda bien en verbal y mal en abstracto no necesita el mismo trabajo que alguien al revés, y ponerlos a los dos a hacer lo mismo es perder semanas.

Eso es lo que hacemos en la medición inicial de la academia, y por eso no cobramos por ella: sin saber de dónde parte, cualquier plan es un papel bonito.

Si quiere medir de dónde parte, escríbanos y coordinamos la evaluación inicial.

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