La carrera

Las dos puertas de entrada, y por qué nadie te las explica

Crnl. (SP) William Ron · Más de treinta años en la Policía Nacional

Cuando un muchacho me dice que quiere entrar a la Policía, mi primera pregunta no es qué nota saca en matemáticas. Es esta: ¿a cuál de las dos?

Casi siempre se quedan callados. No sabían que había dos.

Dos niveles, dos procesos

La institución tiene dos vías de ingreso, y no son la misma puerta con distinta fila. Son procesos separados, con requisitos propios, exámenes propios y carreras que corren por caminos distintos desde el primer día.

Está el nivel técnico operativo, que es por donde entra la mayoría, y está el nivel directivo, que forma a los oficiales.

Lo que los separa no es la voluntad de servir. Es la función que cada uno cumple dentro de la institución, y eso está escrito en la ley, no en la costumbre: el nivel directivo se define por la conducción y el mando; el técnico operativo, por la ejecución operativa.

En la práctica diaria eso se traduce en cosas concretas. El oficial dispone del personal, asigna, responde por la unidad y firma sanciones. El servidor del nivel técnico operativo ejecuta el servicio, informa y elabora los partes. Los dos son indispensables y ninguno funciona sin el otro. Pero son oficios distintos.

Lo que de verdad cambia

Voy a decir algo que en los folletos no aparece, y lo digo con conocimiento de causa porque en mi propia casa tenemos las dos vías.

Mi hermano Leonardo entró por el nivel técnico operativo. Se quedó en la tropa, se especializó y hoy es perito en accidentes de tránsito. Yo entré por el nivel directivo y llegué a Coronel. Somos hijos de la misma madre y nadie en esa casa tuvo padrino.

Lo que cambia entre una vía y otra no es el sueldo del primer año —a grado equivalente, la tabla del Estado es la misma—. Lo que cambia es la trayectoria: hasta dónde llega el escalafón, qué responsabilidades se asumen, qué puertas se abren con los años.

Y sí, cambia también algo que nadie escribe pero todos en la institución saben: el lugar que uno ocupa en la mesa. No lo voy a adornar. En este país eso pesa, y una familia que manda a su hijo a la Policía muchas veces está pensando en eso aunque no lo diga.

Mi consejo, después de treinta años, es que lo hablen en voz alta en la casa. No para elegir por estatus, sino para que el muchacho sepa a qué está entrando y no lo descubra a los cinco años de servicio.

Los exámenes no son el mismo

Aquí está el error que más caro sale: preparar a un aspirante para una puerta y presentarlo a la otra.

Cada nivel tiene su propio proceso de evaluación, con sus propios requisitos de edad y formación previa, y con sus propios pesos. Prepararse "para la Policía" en abstracto es prepararse a medias para las dos.

Por eso lo primero que hacemos con quien llega a la academia no es ponerlo a estudiar. Es sentarnos a definir a cuál de las dos puertas se presenta, y recién ahí armar el plan. Cambia el material, cambia el énfasis, y en algunos casos cambia hasta el año en que conviene presentarse.

Una advertencia honesta

No le voy a decir a nadie que una vía es mejor que la otra. Depende de la edad, de la formación previa, de lo que la persona quiera de su vida y de lo que esté dispuesta a sostener.

Lo que sí le digo a todos es lo mismo que me dijeron a mí cuando empecé: el uniforme no se regala. Ninguna de las dos puertas se abre por conocer a alguien, y quien le prometa lo contrario le está mintiendo. Aquí no damos cupos ni garantizamos ingresos. Preparamos gente para que se lo gane.

Si están decidiendo en casa cuál de las dos vías tiene sentido para su hijo, esa conversación la tenemos sin costo. Es media hora y evita años de rodeo.

¿Dudas sobre cuál vía corresponde? Conversemos antes de que empiece a prepararse.

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