La prueba física: los test del reglamento, con su nombre exacto
Por qué el nombre exacto no es un detalle menor
Cuando se habla de la prueba física del proceso de ingreso, es común escuchar nombres sueltos: «la carrera», «las abdominales», «las barras», «la piscina». Son formas coloquiales de referirse a algo que el reglamento nombra de manera precisa, y esa precisión importa porque es la que vas a encontrar escrita en la convocatoria el día que te toque rendir.
En la academia insistimos en los nombres oficiales porque hay material circulando, sobre todo en internet, que describe una prueba física que no corresponde al examen de ingreso actual. Entrenar contra una tabla que no es la vigente es tiempo perdido, y a veces, además, genera una confianza que no corresponde a la realidad del examen.
El reglamento nombra cinco test físicos de forma precisa, y conocerlos por su nombre correcto es el primer paso antes de diseñar cualquier plan de entrenamiento.
Los cinco test, con su nombre tal como aparece en el reglamento
El primero es el test de la milla. Así se llama, y así vas a encontrarlo escrito: no como «el 1.600» ni en kilómetros, sino como test de la milla. Es, además, el test que más siente el aspirante que entrena en Quito, por la altitud: conviene saberlo antes de presentarte, no durante la prueba.
El segundo es de sesenta metros planos, una prueba de velocidad corta.
El tercero es la flexión de cadera, que es lo que coloquialmente se conoce como abdominales. El nombre que usa el reglamento es flexión de cadera, y conviene acostumbrarse a esa forma porque es la que vas a leer en los documentos oficiales.
El cuarto test cambia según el sexo del aspirante: dominadas para hombres, suspensión isométrica para mujeres. No es la misma prueba disfrazada de dos formas: son dos pruebas distintas, cada una con su propia exigencia, y ambas existen porque el reglamento las contempla por separado.
El quinto es natación, y aquí hay un punto que no admite confusión: se nada exclusivamente estilo crol. Nadar de otra forma no es una variante aceptable, elimina al aspirante.
La tabla no es igual para todos, y la altitud tampoco perdona igual
Dentro del mismo examen físico existen tablas distintas según el perfil de ingreso, y la de tropa es más exigente que la de perfil profesional. Esto importa para la forma en que planificas tu preparación: conviene entrenar siempre contra la exigencia más alta, porque si te mides contra una tabla más baja y terminas rindiendo la más alta, la diferencia la vas a sentir el día del examen, no antes.
La altitud de Quito afecta de manera particular al test de la milla. No afecta igual a los otros test. Si entrenas en la ciudad, vale la pena tenerlo presente al planificar los tiempos de recuperación y la progresión, en vez de copiar sin más una rutina pensada para nivel del mar.
Qué puedes hacer con esta información, como aspirante o como familia
Lo primero es verificar: antes de empezar cualquier entrenamiento, confirma que la tabla que estás usando corresponde a la convocatoria vigente y al perfil que vas a rendir, no a una versión que circula sin respaldo oficial. Hay material impreciso dando vueltas en portales y redes, y no toda la información que parece oficial lo es.
Lo segundo es recordar que la prueba física pesa el treinta por ciento de la nota final, el mismo peso que la prueba académica y que la entrevista personal, según el artículo 101 del reglamento de admisión. No es un trámite secundario dentro del proceso: es una de las cuatro partes que definen el resultado.
Lo tercero es entrenar contra la exigencia real de cada test, con su nombre correcto, y no contra una tabla genérica de acondicionamiento físico. Un plan de entrenamiento serio empieza por saber exactamente qué se va a medir, cómo se llama cada prueba y qué variantes existen según el sexo del aspirante.
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